La vida no está ordenada como las cajas de los aparejos de pesca
Buscas lo que te falta como si lo pudieras encontrar explotando todas las burbujas de esos sobres que acolchonan envíos.
Se dobla la esquina de lo que te atrapa como si aquello que has dejado marcado se quedara en ti para siempre. Aunque nunca sabes si por el contrario, eres tú la que se ha quedado en ese trozo plegado.
No se llega a conocer nunca el lugar que ocupan las cosas que no se dijeron. Quizá las faltas de ortografía sean un grito brusco de aquello que se dejó sin decir y que quiere ocupar su espacio. Como ese punto final que se te olvida escribir y cuando reparas en su ausencia le pones dos seguidos. A veces aunque sólo sea por querer acabar del todo. Pero un error no hace más contundentes los finales.
Dejas palabras a las que volver y dejas huérfanas de voz, palabras que no quieres sean tuyas. Y entre unas y otras acumulas libretas. Contenedores de aquello que se te pierde o de lo que quieres perder. Receptores de señal que almacenan miradas incompletas. Y que se quedan así porque cuando acudes a terminar, ya no encuentras la libreta dónde te aparcaste.
Sólo tienes un guión en el que pone improvisa. Así que vas escribiéndote tus cómos y tus por dóndes. Pero siempre aparecen paréntesis. Y tú nunca has sido atleta y no sabes saltarlos sino darte de bruces contra ellos. Y a lo que te das cuenta, has dejado de lado la historia y te has metido de lleno en la nota al margen.
Sólo se puede huir en la omisión. Quizá si no sabes que algo existe, no lo buscas. Pero cuando te has rozado con lo que querías tocar, se queda flotando en ti para siempre. Aunque no lo quieras mirar.
Dice la Wikipedia que los vasos comunicantes son aquellos que se reparten un líquido de manera homogénea. Están comunicados. Si echas más líquido en uno de ellos, éste se desplaza hasta alcanzar un nuevo nivel de equilibrio, el mismo en todos los recipientes. Aunque cambie la posición de los vasos, sucede lo mismo. Esto se debe a que como la presión atmosférica y la gravedad son constantes, la presión hidrostática a una profundidad dada es siempre la misma, sin influir la geometría del recipiente ni el tipo de líquido.
Fuera de Pascal es difícil encontrar el equilibrio. Aunque encuentres un vaso con el que hacerte comunicante. Los experimentos no pueden fallar cuando ni siquiera se prueban. A veces la falta de equilibrio es sólo quedarte en tu propio recipiente y no querer salir. La presión del cambio aún es mayor que la atmosférica. Pero sabes que existen otras constantes que te hacen perder el equilibrio. El aplazar y el desplazarse.
La vida no está ordenada como las cajas de los aparejos de pesca. Es un cajón de sastre lleno de costuras por remendar.
